Electrónica para bajistas (IX): ¿merece la pena instalar una electrónica personalizada?

Circuito personalizado de SKL

En un artículo anterior probamos una electrónica personalizada del luthier SKL para Jazz Bass. Comentábamos en dicho artículo algunas de las razones por las que puede interesarnos instalar una electrónica diferente a la que viene con nuestro instrumento. Recordamos algunas ideas previas, siempre refiriéndonos a circuitos pasivos.

Una electrónica pasiva no puede puede mejorar el sonido propio del bajo, pero sí hacer que el bajo suene bien

Explicamos esto un poco mejor: si entendemos como «sonido propio del bajo» el sonido que tendríamos si conectáramos la pastilla directamente al amplificador, un circuito pasivo sólo puede actuar atenuando unas frecuencias u otras. Nunca conseguiremos con una electrónica pasiva que el bajo de más graves, o más agudos que los que entrega la pastilla.

En un instrumento eléctrico hay muchos factores combinados que producen el sonido final. Si la construcción del instrumento es muy pobre, la cuerda al vibrar es posible que tenga los armónicos más bajos, los que dan peso y presencia al sonido, muy atenuados, el instrumento sonará «a lata».

Ya podemos poner la pastilla más exclusiva del mundo, el circuito electrónico más sofisticado y el amplificador más caro, que el sonido seguirá siendo pobre. Ninguna electrónica puede aportar el contenido armónico que falta en un instrumento deficiente.

La situación opuesta también se da: un instrumento con buena construcción, resonante… si le ponemos una pastilla mala (con pocas vueltas, con un campo magnético excesivo o muy pobre,…) el sonido que producirá esta pastilla no será fiel al contenido armónico que producen las cuerdas al vibrar.

Igualmente, una electrónica defectuosa, con componentes mal seleccionados, un amplificador malo… harán que que el sonido que escuchemos sea malo y desagradable.
Se trata de llegar a un equilibrio entre todas los componentes que intervienen (construcción del instrumento, pastillas, electrónica, efectos, amplificador…)

Los luthieres de instrumentos clásicos ya saben esto: los componentes de un instrumento deben estar equilibrados, de nada sirve poner el batidor del mejor ébano del mundo en un contrabajo de contrachapado mal prensado.

Decíamos en el anterior artículo que muchos instrumentos montan componentes de baja calidad. Cada vez es más común encontrar instrumentos no tan económicos con componentes dudosos, o incluso con un montaje descuidado e incluso, defectuoso.

En los componentes electrónicos que se instalan en un instrumento también existen calidades. En un potenciómetro económico la pista resistiva se desgastará antes, etc. El estaño que se usa para soldar también lo hay en diferentes calidades. La prisa que pueda tener un operario montando electrónicas puede hacer que el montaje no sea muy bueno, con soldaduras mal hechas, algún cableado mal hecho.

Respondiendo a la pregunta que abría el artículo, nuestra opinión es que sí, sí que merece la pena, siempre y cuando no nos llevemos a engaño. Si el instrumento en que queremos poner la electrónica no tiene un buen sonido de base, una electrónica personalizada no lo va a mejorar.

La electrónica personalizada nos va a aportar:

  • Mayor fiabilidad. Como decíamos, en los instrumentos fabricados en serie de gamas medias y bajas cada vez es más común poner componentes muy económicos y suelen tener un control de calidad más bien escaso. Nos puede llegar un instrumento con un potenciómetro algo desgastado, haciendo ruidos, con soldaduras no muy bien hechas…
    Con una electrónica personalizada tendremos la seguridad de que los componentes tienen una cierta calidad y que el montaje está revisado a conciencia. Podemos ir con la tranquilidad a una actuación sabiendo que el pote de volumen no va a rascar en la prueba de sonido, o que el jack de salida no va a fallar.
  • Mejor adecuación a nuestras preferencias. Los instrumentos de serie tienen una serie de valores predeterminados en los componentes que podrían no ser de nuestro gusto. Por ejemplo, si usamos mucho los controles de volumen en un circuito tipo Jazz Bass para hacer una mezcla, es más fácil encontrar una mezcla si los potenciómetros son lineales en vez de logarítmicos. O si usamos cuerdas «flatwound«, el típico valor del condensador de tono hace poco efecto, puesto que estas cuerdas dan un sonido menos brillante.
    Otra variación muy habitual es usar en un bajo de dos pastillas un circuito con volumen – balance – tono, mucho más cómodo de usar si cambiamos mucho de pastilla.
  • Mejor reventa. A menudo cambiamos de instrumento, vendemos. Una electrónica personalizada, montada por algún técnico de prestigio pondrá en valor nuestro instrumento.

Probando una electrónica de SKL Luthier

Un ejemplo práctico de lo que estamos hablando es la siguiente electrónica que nos han montado Ezequiel SKL. Este articulista tiene un bajo Ibanez TMB100 que convirtió a pasivo, dejando una configuración tradicional de volumen – volumen – tono.

Lamentablemente, utilizó componentes que tenía en el cajón de herramientas y el resultado no fue bueno: los potenciómetros eran logarítmicos, que para buscar una mezcla de las dos pastillas no es fácil encontrar el punto y el condensador era el típico de 0.047μF que con cuerdas planas no recortaba prácticamente agudos, es como si no tuviese control de tono. Además, algún pote hacía algo de ruido al girarlo.

Consultando con SKL nos recomendó un circuito en el que los potes de volumen fuesen lineales y el condensador de tono debería tener mayor capacitancia para que recortase más agudos. Así mismo nos pidió medidas internas del cajeado y distancia entre los ejes de los potes, para entregar un circuito lo más compacto posible. Los potes son de 17mm (es también habitual usar los de 24mm) y permiten que  los controles puedan estar bastante próximos.

Esta atención al detalle, meticulosidad y buen hacer es imposible encontrarlo en un instrumento fabricado en serie. Con este circuito tenemos la absoluta seguridad de que no vamos a tener nunca ningún problema electrónico, por la calidad de los componentes y la calidad del montaje.

¿Se toca mejor? Sin duda: ahora tenemos un control de tono que recorta mucho más los agudos (que es nuestra preferencia personal) y  podemos encontrar la mezcla que nos gusta de la pastilla P con la pastilla J mucho mejor, porque el recorrido de los potenciómetros y su variación es más progresiva.

¿Suena mejor el bajo? Depende de lo que entendamos por sonar mejor: ya no hace ruidos al girar los potes, y podemos sacar sonidos que antes teníamos que buscar tocando los botones del amplificador. El sonido básico es el mismo porque no se ha cambiado nada en la construcción ni en las pastillas, pero ahora podemos regularlo y modularlo mejor.

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